Isabella Marín presenta... Al hombre que dejé atrás

26 de enero de 2018
Isabella Marín_Al hombre que dejé atrás



Una chica regresa a Boston para hacer las paces con su pasado.
Un hombre acude cada vez que llueve a un bar de soul, se sienta siempre en la misma mesa, se pide una copa de whisky y espera en silencio a que empiece una canción vinculada al pasado.
Dos existencias vacías. Dos almas desgarradas por la soledad. Un abismo de tiempo separándolos.

El profesor de arte Wesley Holt queda asombrado cuando su más brillante alumna le pide un extraño favor: que uno de sus cuadros sea colocado en la galería del señor de Winter. Para Wesley, de Winter es un hombre de trato difícil, adusto, exigente, seco… No entiende por qué Hayley se empeña en enviarle su mejor y más emotiva obra. Y lo que le parece todavía más extraño, que se la envíe gratis.
Pese a su reserva, intenta persuadir al odioso de Winter para que acceda a tal sorprendente petición.

Al serle mencionado el nombre de la pintora, parecido al de la chica que él lleva cinco años buscando desesperadamente, Jesse de Winter, intransigente como siempre, exige ver de inmediato el cuadro.
Y será delante de la obra llamada Al hombre que dejé atrás... cuando Jesse será relegado a un pasado más real y más doloroso que nunca.

 
 
Isabella Marín_Al hombre que dejé atrás
 
 


Al hombre que dejé atrás... trascurre en Boston. Casi siempre llueve. Hay un bar, muy importante para Jesse y Hayley, y parte de los momentos cruciales del libro se pondrán en escena ahí, delante de un camarero que, quizá, acabe teniendo un pequeño papel en el desarrollo de los acontecimientos. También hay una canción, Nights in white satin, de Bettye LaVette, que os recomiendo escuchar al margen de mi novela. La trama de Al hombre que dejé atrás… os puede gustar o no. La canción, en cambio, os encantará.
 
Tiene dos partes: presente y pasado. Conoceremos a la Hayley joven, la que luchó por aquello que más amaba, y luego a la Hayley más mayor, la que se rinde y elige pasar página. Su principal cualidad es la fortaleza. Hayley es demasiado joven cuando pierde a sus padres. Nadie la ha preparado para enfrentarse a todo lo que eso conlleva. Aun así, ella encuentra las fuerzas que necesita para mantenerse a flote, y en lugar de centrarse en su pérdida, se centra en Jesse, el hombre del que ha estado enamorada durante toda su vida.
 
Hayley no es perfecta. Es testaruda, comete errores y no siempre sabe interpretar una mirada o una sonrisa. Hay veces que lo comprende todo al revés. Necesita que Jesse se lo diga con palabras, que le diga alto y claro que la quiere, y mientras no lo haga, se sentirá siempre insegura, al borde un abismo preparado para engullirla.
 
El otoño cubre cada vez más su corazón, y Hayley sabe que es una estación cruel e implacable, en la que Jesse se marchará para siempre, sin importarle la chica que deja atrás.

novela romántica contemporánea
 

Para Jesse, lo suyo es la lealtad. Le ha hecho una promesa a Nolan, el padre de Hayley, y le mata la idea de no ser capaz de cumplirla. En vez de cuidar de Hayley, ahora que es su tutor y su único apoyo en el mundo, Jesse comete el error de enamorarse de ella, sentimiento ante el cual estará luchando gran parte del tiempo.
 
Tampoco es perfecto. Es humano y es un hombre. Tener a Hayley tan cerca de él le afecta más de la cuenta, pone patas arriba su perfecta existencia, por no hablar del tambaleo que sufre su relación con Rafaella, la mujer a la que piensa convertir en su esposa. Lo que más le cuesta a Jesse en el mundo es admitirse a sí mismo que ama a Hayley, la chica a la que años atrás solía llevar a jugar a una piscina de bolas.
 
Rafaella es uno de los personajes secundarios de la novela y lo que más le importa es la perfección. La física, porque su alma está podrida. No le importa Hayley. De hecho, ni siquiera le importa Jesse. Rafaella es una niña mimada, una egocéntrica patológica, a la que solo le fascina su propia persona. No ama a su prometido, lo que ama es la idea que tiene sobre él. Y cuando descubre que esa idea no coincide con la realidad, se enfurece y da pataditas. No se merece a Jesse. Es demasiado bueno para ella. A él le importan las personas, no las apariencias.
 
Ryan es el mejor amigo de Jesse y la palabra que lo define es la despreocupación. Le gusta vivir sin normas y sin reglas. Si quiere algo, lo coge. Y es lo que intenta que haga su mejor amigo. Si quiere a Hayley, ¿por qué no se casa con ella de una vez y deja de dar el coñazo?
 
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Ryan no comprende el arraigado sentido del honor de su amigo, y actuará como una especie de demonio que, sentado en el hombro de Jesse, intentará tentarlo todo el rato. Es un personaje importante dentro de la novela. Es divertido y aporta chispa, aunque demostrará también ternura. Muy de vez en cuando. Y quizá, antes de que acabe la novela, incluso nos desvelará que tiene sentimientos, a pesar de toda esas insolenta despreocupación que le envuelve.

Los padres de Haley, Norman y Emma, aunque ya no están presentes físicamente, son los únicos que tienen el poder que arreglar lo que está roto. Ellos representan el amor.

Al hombre que dejé atrás... trata sobre el amor (¿imposible?) de Jesse y Hayley, un hombre que se debate siempre entre hacer lo correcto y dar rienda suelta a sus deseos más oscuros, y una chica que se empeña en que Jesse elija la segunda opción, porque la vida es solo un instante y hay que aprovecharlo.
 
Aunque la vida solo sea un instante, hay instantes que valen más que toda una eternidad. Debemos luchar para conseguir lo que queremos. No permitamos que nos digan que es difícil o que es imposible. Nada es imposible.  
 
¡Disfrutad la novela!

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