29 de noviembre de 2017

Estereotipos en novela romántica y cómo evitarlos

estereotipos en novela romántica


Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos las escritoras de novela romántica es la creación de personajes únicos, originales y diferentes.
 
Hace poco os hablaba de los tópicos de novela romántica, pero los personajes estereotipados son otra de las lacras que arrastra el género; millonarios atractivos, rubias tontas, gorditas simpáticas, damas pizpiretas o libertinos reformados son un claro ejemplo de lo que es un estereotipo.
 
Cuando en las novelas creamos personajes de este tipo no estamos aportando nada nuevo con el consiguiente riesgo de aburrir al lector. El auténtico trabajo está en darle la vuelta a esos personajes para que no hagan lo que se espera de ellos.
 

¿Qué diferencia hay entre un estereotipo y un arquetipo?

 
Los estereotipos son las imágenes que tenemos hechas de ciertos colectivos o tipos de personajes. Si nos cruzamos por la calle con un chaval despeinado, con barba, gafas y una camiseta de Marvel enseguida pensaremos que es un friki.
 
Los arquetipos, por el contrario, son el modelo original, aquellas ideas que después se han usado una y otra vez, como son las figuras del héroe y el mentor. Se basan en la psicología de la humanidad o en experiencias vitales que todos podemos reconocer independientemente de la época en la que vivamos, por eso son universales.
 
Blas Ruiz Grau escribió hace poco este artículo en Zenda sobre la importancia y el peso de los personajes dentro de la trama. Son el pilar en el que se sustenta la historia, los que dotan a la novela de profundidad; si no conseguimos darle un giro a lo que se espera de ellos, la novela hará aguas por todas partes.
 

¿Cómo podemos invertir los estereotipos?

 
Dotándolos de realismo: ni todas las rubias son tontas ni todos los homosexuales, estilistas. Por eso es tan importante trabajar el perfil de los personajes antes de meterse de lleno en el proceso creativo.
 
Independientemente de si somos de brújula, de mapa o mochileros, antes de escribir es imprescindible hacer un trabajo previo de documentación, no solo de lugares, acontecimientos históricos o de lo que necesitemos saber para ambientar nuestra novela romántica, sino también de los protagonistas.
 
Yo no suelo seguir una ficha estricta de personaje, pero sí suelo escribir en un cuaderno todas las características físicas y psicológicas de mis protagonistas para poder hacer un arco dramático coherente: dónde está, adónde quiere ir, qué le pasa en el camino.
 
No utilicéis las profesiones de siempre: abogados, médicos, empresarios, músicos, millonarios, militares... en el caso de ellos; artistas, secretarias, camareras, peluqueras... en el caso de ellas. Y si lo hacéis, dadles una vuelta.
 
Scott, mi protagonista de En busca de su destino, es médico, pero no tiene dónde caerse muerto y su vocación es ayudar a los que no pueden pagarse un tratamiento. No tiene un cochazo ni mujeres cayendo desmayadas a su paso. Kristen, la otra mitad de la historia, es una niña rica que hace cosas inesperadas para poder vivir como quiere.
 
No busquéis la perfección ni física ni de comportamiento. Los defectos son los que nos hacen humanos, no pasa nada si nuestro protagonista no tiene tabletas de chocolate en vez de abdominales, le huele el aliento o tiene demasiado vello corporal; tampoco importa si ella no es un ángel de Victoria's Secret, va sin depilar y se come las uñas. No tienen que ser empáticos ni hacer siempre lo correcto; no pasa nada si son egoístas y hacen daño con las palabras o los actos. Hacedlos del montón, que se equivoquen.

¿Qué otras cosas creéis que hacen a un personaje fuera de lo común?
 

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