15 de noviembre de 2017

Concursos literarios de novela romántica, ¿qué buscan las editoriales?



Este 2017 ha sido muy extraño en cuanto a los concursos literarios de novela romántica. De los siete convocados este año, cuatro han sido declarados desiertos a falta de saber qué pasa con el Vergara el próximo mes, aunque parece que estamos curados de espanto ya que a nadie le ha sorprendido que el Titania quede desierto por segunda convocatoria consecutiva.
 
Por si hay algún despistado en la sala, los premios han sido estos:
 
  • V Premio HQÑ Digital, fallado el 14 de febrero y del que resultó ganadora Jane Kelder con El puerto de la luz.
  • IV Premio de novela romántica Kiwi RA, fallado el 28 de febrero y con Laura López y su Vida en pausa como ganadoras.
  • I Premio Phoebe de novela romántica, declarado desierto en junio.
  • I Premio Red Apple de novela romántica, declarado desierto en septiembre.
  • II Premio Romantic de novela romántica, declarado desierto en septiembre.
  • IV Premio Titania de novela romántica, declarado desierto en noviembre.
  • VIII Certamen de novela romántica Vergara-RNR, de cuyo fallo todavía estamos a la espera hasta diciembre.
 
Yo me he presentado a cinco premios desde que empezó a picarme el gusanillo de la publicación, siempre con la esperanza de conseguir un contrato editorial. Mis primeros intentos fueron con En busca de su destino en el II HQÑ y en el III Vergara-RNR. En ninguno quedó finalista, pero en el segundo caso, presentarme me abrió las puertas de la Selección RNR (ahora Selección BdB) cuando nació el sello.
 
No volví a presentarme a un premio literario de novela romántica hasta el año pasado, cuando intenté abrirme a otras editoriales. Tenía muchísima confianza en El secreto de lady Sarah y con muchas expectativas me presenté al I Romantic. Sarah no quedó finalista por ser demasiado impactante (podéis leer un avance y juzgar vosotros mismos si lo es aquí).
 
Después probé con el V HQÑ. No gané, pero sí quisieron publicarme. Desmontando a Carter estaba a punto de salir y estaba tan contenta con el trato recibido en HarperCollins que acepté en un primer momento. El problema fue que yo para entonces tenía otras aspiraciones y publicar solo en digital sin un contrato de edición en papel en firme no era lo que quería para El secreto de lady Sarah. Así que volví a probar por tercera vez consecutiva con el I Premio Phoebe.
 
Todos sabéis qué pasó. Lo declararon desierto porque ningún manuscrito se ajustaba a su línea editorial. Fue un jarro de agua helada porque me presenté con la intención de ganar y sigo creyendo que El secreto de lady Sarah es una gran novela aunque su camino haya estado lleno de obstáculos.
 
Decepcionada con el mundo editorial y con el funcionamiento de los concursos, decidí que no volvería a presentarme a ninguno.
 
Phoebe al menos fue coherente con su resolución, puesto que liberaron todos los manuscritos. Sin embargo, en septiembre tanto Red Apple como Romantic declararon desiertos sus concursos para después anunciar que contactarían con los autores para intentar publicar algunos de los manuscritos presentados.
 
Algo parecido ha sucedido con Titania. La convocatoria anterior quedó desierta por falta de calidad, y este año han dicho que, aunque han recibido manuscritos merecedores de ser publicados, ninguno se ajustaba al nivel de comercialidad que estaban buscando. Lo que me lleva a la pregunta que abre el artículo.
 

¿Qué buscan las editoriales?

 
No creo que la falta de calidad sea el motivo (autoras de renombre y de calidad manifiesta se han presentado y no han quedado finalistas), sino la falta de criterio de las editoriales.
 
Las bases de todos estos premios están calcadas, piden manuscritos de género romántico en cualquiera de sus subgéneros para después escudarse en que no han recibido lo que buscaban. No dar el premio porque no hay ninguna novela que lo merezca por la razón que sea, y después publicar títulos que se han presentado es una enorme falta de respeto. ¿La novela no es digna de ganar, pero sí de publicarse? ¿Entonces tiene calidad o no? ¿Es comercial o no? ¿O el riesgo es menor porque no hay que asumir el gasto del adelanto de los derechos de autor?
 
Las malas lenguas dicen que lo que ocurre es que las editoriales quieren captar manuscritos (¿es que no reciben suficientes a lo largo del año?) sin tener que dar un premio económico. Tal como están las cosas, recuperar una inversión de 1500 euros no es nada fácil, no digamos ya 3000 o 10000. Vender esa cantidad de dinero en libros no está al alcance de cualquiera.
 
Teniendo en cuenta que muy pocos se presentan por el dinero y que la mayoría lo hacemos buscando reconocimiento o firmar un contrato editorial, ¿no sería más fácil bajar la cuantía económica?
 
Por otro lado, también se ha hablado mucho del papel de los jurados en los distintos premios, y yo me pregunto, ¿sirven para algo? Quiero decir, si el jurado solo está para elegir al ganador de entre cinco novelas porque el centenar presentado ha sido cribado por la editorial, ¿tiene sentido nombrar un jurado? Y en el caso contrario, si el jurado sí lee los manuscritos, pero la editorial no está conforme con su decisión y no la respeta, ¿para qué sirve el jurado?
 
Entiendo que, si se presentan centenares de novelas, sea necesario hacer un filtrado inicial, de hecho, en muchos premios piden que junto al manuscrito se envíe un resumen amplio del argumento, supongo que con ese propósito, pero si el jurado no tiene libertad de elección o está limitado a unos títulos ya elegidos de antemano por la editorial, su función solo tiene valor nominal. Y que conste que respeto mucho la valentía de leer el manuscrito de un compañero y juzgarlo. No debe ser nada fácil.
 
Y volvemos al principio.
 
No sé si convocar premios literarios de novela da prestigio al sello editorial en cuestión. Para las editoriales es una buena manera de conocer nuevos talentos y para los autores, una buena oportunidad de abrirse camino en el mundo editorial. Sería muy fácil achacarlo todo a la suerte o la falta de ella, pero si ganar un premio no depende de la calidad ni de la comercialidad, entonces... ¿de qué lo hace?

 

 

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