La vida ideal de un escritor

21 de junio de 2017
La vida ideal de un escritor_Apuntes literarios de novela romántica


¿Qué es lo primero que os viene a la mente cuándo escucháis la palabra escritor?
 
Un hombre, of course, sentado frente a una máquina de escribir, junto a una pequeña montaña de folios al lado de un cenicero lleno de colillas. Es joven, soñador, idealista, defensor de la justicia y enamoradizo. Como Christian en Moulin Rouge. La connotación romántica viene de serie.
 
En Nacida del hielo (volumen 3 de la serie Hermanas Concannon de Nora Roberts), el protagonista masculino es escritor y maleta en mano viaja por el mundo hasta los lugares dónde ambienta sus novelas (lo de que tenga un agente y adapten sus obras para la gran pantalla es otra cuestión). ¿Quién no ha soñado con algo así? La verdad es que cuando pienso en ello me viene a la cabeza la imagen de Fernando Gamboa tumbado en una hamaca con vistas a la playa.
 
 
Fernando Gamboa_Apuntes literarios de novela romántica
Fernando Gamboa es un escritor de best sellers autopublicado

Reconozco que su biografía da un poco de envidia: "En la actualidad, Fernando Gamboa emplea su tiempo en viajar por el mundo en busca de nuevas historias y escenarios, así como en escribir nuevos libros de aventuras para los más de 200.000 lectores en todo el mundo que aún siguen queriendo más".
 
Luego pienso que ese tipo de vida no es para mí; primero, porque tengo dos niños pequeños y, segundo, porque no hay lugar en el que esté más a gusto que en mi casa. Hoy día mr. Google te acerca a cualquier rincón del mundo en segundos y la experiencia te la da la propia vida, no hay que irse lejos para sentir odio, amor, frustración, pasión o miedo. El día a día puede llegar a ser terrorífico o inolvidable.
 
La tecnología también ha hecho que los escritores salgamos del cascarón. Ya no se estila eso de quedarse en casa y esperar a que los lectores llamen a tu puerta, hay que salir a buscarlos, algo nada fácil cuando todo el mundo escribe y debemos nadar entre cientos de títulos para destacar, sobre todo en romántica. Además, cada vez se lee menos y, para más inri, hay que competir con otros entretenimientos más visuales y dinámicos, de consumo fácil y rápido.
 
En este mundo frenético dónde parece que está mal visto aburrirse y todo va a velocidad de vértigo, hacerse un hueco como escritor es muy difícil. Porque el oficio de escritor no consiste solo en escribir por mucho que nos fastidie. La mayoría tiene otro trabajo que le da de comer así que su pasión no es tanto un trabajo como una afición, por lo que el hábito de escribir se convierte en una sucesión de hurtos al tiempo: al tiempo de tu descanso, de tus hijos, de tu pareja, de tus amigos... Si eres mujer, más todavía porque la familia cae en nosotras con todo su peso (para algunos hombres la corresponsabilidad solo es un palabro extraño). Y eso termina quemando. Mucho. Tanto que escritores de renombre como J. de la Rosa terminan mandándolo todo a tomar por culo de la manera más elegante. Si bien es cierto que Pepe puede permitírselo, puesto que es una autoridad dentro del género y tiene una marca personal fuerte y distintiva.
 
A mí también me gustaría solo escribir durante todas esas horas que tengo disponibles; olvidarme de las redes, de qué voy a compartir cómo y cuándo, de qué voy a hablar en la próxima entrada del blog, no quebrarme la cabeza pensando qué puedo aportar de valor a mis suscriptores y perder un tiempo precioso que no tengo en diseñarlo (la agenda del año que viene para mamás escritoras va a quedar chulísima, por cierto). En definitiva, escribir, escribir y escribir. Pero si yo no hago todas esas cosas me vuelvo invisible y tendría que pagar a alguien para que lo hiciera por mí, pero como todavía no puedo decir que gano un sueldo con mi trabajo, tampoco podría pagarlo. Así que vuelta al principio, ¿no?
 
Mi vida ideal como escritora de romántica sería esa: que alguien se ocupara de las tareas de mi casa y otra de las relaciones sociales virtuales para yo solo dedicarme a dejar volar los sentimientos y plasmarlos en el papel. Si de camino tengo un sueldo y una cola tan enorme como la de la Esteban en la feria del libro, ya sería la leche.
 
Escritoras, ¿cuál sería vuestra vida ideal?
 


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