24 de mayo de 2017

Cómo escribir novela romántica siendo madre, esposa, correctora y, sobre todo, mujer

Escribir novela romántica_Apuntes literarios de Paola C. Álvarez


Seguro que más de una vez habéis querido ser como la mujer de la imagen: tener el poder de manejar las agujas del reloj; eso, o robarle a Hermione Granger su giratiempo... El otro día se quejaba una compañera de la falta de tiempo para hacer toooooooodo lo que conlleva ser un escritor emprendedor, y no pude evitar sentirme identificada.
 
Escribir ya no es solo sentarse delante de una pantalla o coger un boli, es mucho más. Es estar presente en dos o tres redes sociales como mínimo y de forma activa, tener un blog actualizado, mantener vivo el interés de tus suscriptores, pensar estrategias de marketing de contenidos que animen al público a seguirte... Todo eso mientras cuidas una casa, unos hijos, una relación e intentas que tu negocio de corrección y maquetación salga adelante.
 
No es nada fácil.
 
A veces me levanto tan cansada que tengo la sensación de que el sueño ha pasado como un suspiro cerca de mí.
 
A veces me gustaría ser un gato...
 
Lo peor viene cuando analizas qué has hecho durante todo el día y te das cuenta de que has ido como un pollo sin cabeza, de que en realidad has hecho muchas cosas pero, sin embargo, tu lista de tareas no ha disminuido un ápice y te preguntas qué leche has hecho con el tiempo
 
Hace unos meses hice un curso fantástico con Sara, de Estudio Avellana (ya os he hablado de ella en alguna ocasión). La verdad es que me ayudó mucho a encontrar mi mejor sistema de organización, a priorizar y a defender lo que haces. Para las que tenemos hijos la cosa se complica, porque todo nuestro sistema debe organizarse alrededor de ellos y de sus necesidades. Para mí, por ejemplo, las tardes de lunes y miércoles son inexistentes.
 
Reconozco que me he desviado del camino. Tengo tantos asuntos pendientes que llevo sin escribir nada desde el cuatro de abril. Es verdad que la razón ha sido enlazar una corrección tras otra, que a fin de cuentas es lo que hoy por hoy me interesa incentivar (para poder crecer como correctora, aprender más y conseguir más clientes), pero, aun así, escribir es una necesidad vital para mí y lo noto. Gabriella Campbell dice en uno de sus artículos que hay que obligarse a sentarse cada día a escribir, aunque solo sean cinco minutos, aunque solo sean 200 palabras, aunque tengas que levantarte una hora antes. Me gustaría tener ese tiempo, de verdad que sí, pero bastante que adelante el despertador media hora para que mis hijos se levanten una antes.
 
Y no puedo trabajar de noche. Estoy agotada, me bailan las letras y no rindo nada. Además, cuando se acuestan los niños es el "momento Netflix" con mi marido, y no quiero renunciar a él. Hay cosas que son intocables y esa es una de ellas.
 

Apuntes literarios de novela romántica de Paola C. Álvarez

 
 
 
¿Cómo lo hago yo?
 
En mi caso, las herramientas de programación para las redes sociales son mi salvavidas. Aplicaciones como Feedly (para tener una lista de blogs de contenido interesante que poder compartir), Buffer y Hootsuite (para programar entradas tanto en Facebook como en Twitter) son imprescindibles. A ellas les dedico el rato que hay entre la cena y el irse a la cama. A Facebook y Twitter, que es dónde más presencia tengo, suelo entrar al mediodía, antes de irnos a las clases extraescolares, o en algún momento muerto del día (cuando espero a que salgan los fieras del cole).
 
Para el blog es importantísimo programar las entradas del mes, así siempre tienes la tranquilidad de estar varias semanas por delante. Para eso suelo dejar los fines de semana.
 
Mi momento fuerte del día es por la mañana, aprovechando que los niños están en el cole, así puedo dedicar el cien por cien de mi atención al proyecto que tenga en ese momento entre manos.
 
Intento no agobiarme con las tareas domésticas: repaso antes de irnos al cole y recojo todo antes de irnos a dormir; tengo un momento específico para hacer la compra y otro para organizar la semana; la colada es imposible tenerla controlada con dos críos, así que reviso el cesto cuando preparo el desayuno: si hay suficiente ropa sucia, a la lavadora, si no, espero al día siguiente.

¡Todo es cuestión de gestionar el tiempo!


¿Cómo lo hacéis vosotras? ¿Cuál es vuestro sistema preferido de organización? ¡Os espero en los comentarios!


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8 comentarios:

  1. La verdad que yo creo que el problema radica en que abarcamos más cosas de las que podemos llevar a cabo a lo largo del día. No nos damos cuenta de que solo tenemos veinticuatro horas para hacerlo todo, y si quitamos las horas obligatorias de sueño, porque el cuerpo lo pide a gritos, menos tiempo aún para poder dedicar a todos los menesteres. Organizarse bien y que llegues a todo sin agobios puede resultar complicado. Si pudiéramos tener el poder de detener el tiempo en el momento de hacer lo que más nos gusta, seríamos mucho más felices y productivas, desde luego, pero como no es así, hay veces que todo se complica, porque de nada puedes estar segura de que saldrá como lo habías planeado, lo que conlleva a ir al «corre que te pillo» durante todo el día...
    Yo termino quitándome horas de sueño a la mañana o de madrugada, según me pille el día, de otro sitio no puedo arañar más tiempo del que ya quito. Ser madre, emprendedora y encima mimarte a ti misma como mujer llega a ser ¡muy estresante!

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    1. Creo que por regla general las mujeres tenemos el gen de encargarnos siempre de todo. ¡Hay que saber delegar! No somos superwoman :P

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  2. Pues a todo eso que has dicho, yo le añado además que trabajo también fuera de casa... Así que, imagínate. Las pelotas de pelusa campan a sus anchas por mi salón y el cesto de la ropa sucia se desborda como un volcán en erupción. La frase que has escrito "como pollo sin cabeza", es mi día a día. Es muy complicado y a todo no se puede llegar. Pero se intenta, con ilusión, perseverancia y haciendo la vista gorda ante el polvo que se acumula encima del mueble de la tele... Hay que robar horas al sueño y aprovechar los fines de semana, ¡no queda otra!

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    1. Trabajar además fuera de casa debe ser el caos total. Espero que por lo menos no lleves tú sola todo el peso de tu casa!!
      Muchas gracias por comentar :D

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  3. Una cosa que a mí me ha liberado mucho tiempo es hacer la compra por internet. La hago el domingo por la noche, planifico con ella los menús de la semana. Y otra cosa que también hago, en plan marujil, es cocinar por dos. Para poder congelar una ración para cuando esté apurada o demasiado cansada. Si hago albóndigas, hago para un regimiento y así sobran. Pero sí, es complicado. Más cuando a escribir se le unen el millar de tareas que necesita un escritor hoy en día.

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    1. ¡Eso de hacer la compra por internet me ha gustado! Lo de cocinar para varios días, no tanto, de hecho, la mayoría de las veces planifico comidas que se hagan en media horita para no perder tiempo :P
      Gracias por pasarte, Ana!

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  4. Yo soy un ama de casa terrible, los tres miembros de mi familia lo somos, de hecho, y nos importa poco cómo esté la casa al cabo del día :P así que suelo ir más o menos tranquila con las tareas domésticas. Y por supuesto, mi hija tiene ya 19 años y no tengo que estar pendiente de ella, porque tener niños pequeños te come todo el tiempo.
    Ahora bien, con respecto a escribir, promocionar, tener presencia en internet, blog... A eso todavía me estoy acostumbrando, porque confieso que no le he dedicado mi atención antes y es tan importante para conseguir lectores y que la gente te conozca... Así que ahí ando. Me he hecho un calendario con las actividades a hacer cada día de la semana, y hago lo posible por cumplirlo. Y sí, por supuestísimo, mi actividad principal diaria es escribir y trabajar el proyecto con el que esté.
    Pero vamos, que me veo ahora como cuando iba al colegio, con un horario que, tengo que confesar, a veces se me olvida consultar :P

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    1. Es que tomarse el trabajo de escritor como eso, un trabajo, no te lleva más remedio a planificar un horario, ser constante y no perder el ánimo. Muchas gracias por comentar!! Un besico

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