Pequeñas reflexiones de una autora de romántica

8 de junio de 2016


Siempre organizo las publicaciones del blog el mes anterior, pero no sé por qué la de esta semana se me ha pasado, así que hoy no iba a haber ninguna entrada. El motivo principal es que escribir algo, así de pronto, me da una pereza terrible, y si ya me cuesta elegir temas sobre los que hablar, hacerlo sin pensarlo previamente ya ni os cuento. Supongo que os preguntaréis por qué estáis leyendo esto si acabo de decir que no iba a publicar nada hoy, y la razón es que estoy en una encrucijada. Así que me voy a tomar la licencia de pensar en voz alta y compartir mis dudas con todos vosotros.

 
Hasta ahora he publicado con editorial y no puedo decir que la experiencia haya sido memorable. Sí reconozco que he aprendido un montón, las circunstancias me han obligado a ello, soy excesivamente perfeccionista y perder el control de mi novela cuando la entrego me crea mucha ansiedad,  por eso he hecho cursos de corrección, he aprendido a maquetar y me he puesto al día con el Photoshop. Estoy preparada para autopublicarme, estoy convencida de que es el camino a seguir después de ver cómo las editoriales lo hacen cada vez peor.
 
Ana González Duque (sí, otra vez vuelvo a mencionarla en un artículo) apuesta por el escritor híbrido, aquel que publica en ambos sistemas, y hay muchos autores que se están sumando a este concepto. Escritoras como Gema Samaro o Isabel Keats, por ejemplo, autoras de reconocida fama y prestigio, también se han sumado a la corriente indie autopublicando sus últimos trabajos.
 
Yo no dejo de ver ventajas en este sistema: nadie modifica tu novela a su gusto o parecer, nadie puede imponerte una cubierta que no te gusta, los beneficios económicos son exclusivamente para ti, tú pones el precio y por tanto las ofertas que quieras y cuando quieras...
 
¿De qué sirve publicar con una editorial si tú tienes que ocuparte del marketing, de buscar las presentaciones, de venderte como marca?
 
Alguien puede alegar que es que se ocupan de las correcciones. ¿Correcciones? ¿Para que luego alguien como La Pimpinela Literata critique tu novela y te saque los colores porque la editorial no ha hecho su trabajo? Ojo, que yo soy de la opinión que es el propio escritor el que debe entregar el manuscrito en la mejor de las condiciones, pero también es verdad que es muy difícil distanciarte lo suficiente de tu novela para hacer un buen trabajo de corrección.
 
Al final el recuerdo que queda es que tal autor/a ha escrito una porquería, porque, no lo olvidemos, es nuestro nombre el que aparece con letras grandes y bonitas en la cubierta del libro. Es nuestra imagen, nuestra reputación, y todos sabemos lo que cuesta volver a levantar la cabeza cuando te señalan en Facebook.

Y en cuanto a la distribución... Seamos realistas. Como mucho te encontrarán escondida en un estante siempre y cuando los lectores te estén buscando específicamente. Las mesas de novedades ya sabemos para quiénes son: para sellos generalistas y grandes autores de narrativa.
 
Tal vez esté cavando mi propia tumba y me esté cerrando las puertas del mundo editorial con esta entrada. O tal vez me arrepienta y no la publique. O tal vez siga intentándolo con las editoriales (si no me han puesto en la lista negra, claro), no soy tan cerrada de mente como para dejar que una mala experiencia me contamine y no soy tan necia para pensar que todas actúan de la misma manera.
 
En cualquier caso, os dejo con estos motivadores artículos de Mercedes Pinto y Fernando Gamboa. Leedlos, son inspiradores.

¡Os espero en los comentarios!


 
 
 
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