Hablemos de sexo... en la novela romántica

6 de abril de 2016
 

Y ahora que he captado vuestra atención con tan sugerente título y la preciosa imagen del artista Roberto Ferri, entramos en materia.
 
Que el sexo vende es un hecho. Desde el 2011 la literatura romántica erótica o erótica a secas ha sufrido un crecimiento continuo. Hay sellos editoriales que han visto el filón y solo se dedican a publicar títulos de este subgénero, pero en las últimas semanas he leído opiniones tanto de lectores como de autores que se quejaban precisamente de ese abuso. Están cansados de leer siempre lo mismo.

 
En la novela romántica de los últimos años en general parece que se ha establecido la norma tácita de meter escenas de sexo sí o sí, párrafos, en la mayoría de los casos burdos y carentes de sensualidad, descritos con un lenguaje soez y ordinario.
 
Ya sabéis que me encantan los coloquios a varias voces, así que en esta ocasión y para hablar de este tema han colaborado las autoras Marisa Sicilia, Alissa Brontë y Arwen Grey y las lectoras y blogueras Sandra Mariscal y María José López Ordiales, administradoras de los blogs Mis romances encontrados y Recomendaciones togada desde la raya, respectivamente.

Mª José: Yo leo de todo y sí creo que se ha perdido un poco la línea de lo que es romántica, erótica, que las hay muy buenas, y de lo que es simple y llanamente pornográfico, que también lo hay bueno, no lo digo en sentido peyorativo.
 
Yo: Estoy de acuerdo en que se están desvirtuando esos límites. Parece que hay una tendencia a poner sexo sí o sí. Yo me he sentido muy presionada en ese aspecto. En mi primera novela por ejemplo no había nada de nada y es algo que se me ha criticado como autora.

Alissa: Creo que cada autor tiene su punto de vista a la hora de enfocar el tema, al igual que cada lector al elegir historia.

Sandra: Todo depende de la novela. Hay novelas que necesitan escenas de sexo y otras que no y no pasa nada, el problema es que a raíz de Cincuenta sombras queremos sexo, sexo y más sexo, y la verdad es que yo ya estoy un poco cansada.

Mª José: Desde mi punto de vista como lectora es que es precisamente el desdibujar esa línea lo que lleva a eso; es decir, cuando lo pide la novela para la evolución de la escena, de los personajes o de situar en la realidad, ok, pero si no, lo siento. Eso de meter sexo hasta en la nevera me parece un error y de bulto. ¿Pasa eso en la novela negra? Yo creo que no, salvo que lo pida la situación y los personajes en un momento determinado. Siempre como lectora y observadora del mercado, creo que de un tiempo a esta parte se confunden los términos y muchas veces la erótica pasa a ser porno y eso no es.

Sandra: De por sí, la erótica no me gusta y menos si el 90% de ella son escenas y escenas, aunque hay eróticas muy buenas, no lo voy a negar. Pero ¿de verdad necesitamos meter sexo en cada capítulo de un libro contemporáneo? Para mí, no, es más, la última novela que he leído tiene escenas pero dentro de un contexto y cuando venían a cuento, no porque sí y a saco, que es lo que parece que se lleva ahora...

Alissa: Yo no escribo escenas en todas las historias, intento no forzar para que sean fluidas, pero si la trama lo pide las escribo.

Sandra: Pero es verdad que tooooodo lo que se escribe ahora tiene sexo, es así, y ya digo que a mí no me molesta, si no, no leería a Howard o a Roberts. Pero también he leído novelas que no necesitaban escenas y... ¡me han encantado!

Mª José: Vamos a ver, existe un universo lector fascinante que se incorpora a la lectura con 50 y lo cree el súmmum, y no es que yo esté en contra, repito que leo de todo, sí creo que se ha formado a un lector poco leído; es decir, pide más de lo mismo porque no ha leído otra cosa.

Sandra: Sí, y cuando recomiendas una lectura y encima te dicen que no ha gustado porque no tiene escenas de sexo, se te queda una cara de idiota... 

Alissa: Lo importante es no forzar la situación ni al escritor, tenemos que ofrecer y tener un catálogo dónde elegir.

Sandra: Pero si lo que han leído está mal catalogado... Está claro que la culpa es nuestra que lo compramos, lo leemos y no decimos ni mú (y  me incluyo).

Mª José: El lector silencioso.

Sandra: Las editoriales no son tontas, ellas van a vender.

Mª José: A mí me asusta especialmente la aceptación entre gente joven de novelas con relaciones totalmente tóxicas. Eso me pone los pelos de punta.

Sandra: Pues sí, yo lo hablo con mi hija y más o menos lo entiende, pero conozco amigas suyas que leen lo que quieren, incluso libros que no son de su edad.
 
Mª José: Yo entiendo que el modelo social ha cambiado, es decir, antes un tipo te llamaba puta o te humillaba y cruz y raya, pero ahora ellas contestan cabrón, me he acostado con tu mejor amigo...
 
Alissa: Pero no se puede centrar solo en la literatura, hay relaciones tóxicas en series de éxito, películas e incluso en algunos dibujos animados. 
 
Sandra: Sí, claro, es todo: los libros, dibujos, música, etc. Pero, Alissa, yo conozco a autoras a las que han intentado obligar a escribir erótica sí o sí.
 
Alissa: Y yo, por eso digo que no debería ser así. Cada autora debe hacer su historia como más cómoda se sienta.
 
Sandra: Pues sí, pero entiendo lo que dice Paola de que se ha sentido machacada. Creo que no tendría que sentirse así, sus novelas son muy bonitas sin necesidad de escenas de cama.
 
Alissa: Yo intento hacer mis escenas eróticas de forma que yo me sienta cómoda y no tengo que abusar de palabras malsonantes ni de hombres que te fuercen para transmitir ese deseo. Y creo que, por lo que me comenta la gente que me lee, lo consigo.
 
Sandra: Yo me paso controlando a mi hija, lo sé, pero es que no veo normal la actitud de algunas compañeras que tiene, y eso que solo tienen 13.
 
Mª José: La cuestión es que se ha perdido el gusto.
 
Yo: Es que el vocabulario y la sensibilidad son fundamentales.
 
Mª José: Con esto quiero decir que para mí no es erótico expresiones como, y esto lo he leído, abre el coño que te la voy a meter. A mí eso me repele.
 
Sandra: A mí también. Puedo pasar una escena, pero no más, me las salto, jajaja.
 
Yo: ¡Pues ya somos dos!
 
Mª José: Eso no es erótica. Desde mi punto de vista, erótica no es grosería, no es soez, o no lo era hasta hace unos años que se desdibujó la frontera.
 
Yo: A mí me sorprende que algunas autoras tengan un éxito bárbaro utilizando ese tipo de términos.
 
Alissa: Porque hay lectores para todo.
 
Mª José: Hasta ahí de acuerdo, pero tampoco quiero que me vendan algo como lo que no es, y parte de la mala prensa de la romántica viene por ahí.
 
Yo: De la mala catalogación en librerías. Ponen toda la romántica sin tener en cuenta subgéneros y los lectores pueden encontrarse con algo muy diferente a lo que pensaban.
 
Marisa: ¡Llego tarde! La pregunta es: ¿sexo sí o sí? Pues yo digo que no. Este tema lo hemos hablado Mª José y yo hace poco. Diría que yo también he sentido esa presión de la que hablaba Paola, mis primeras novelas apenas incluían escenas de sexo y había tratado de publicarlas sin éxito. Entonces escribí El juego de la inocencia y publiqué. Si escribí esta novela fue porque me apetecía y porque también era importante para mí algo que habéis comentado, que las escenas eróticas tuvieran una justificación. También quería que fueran atrevidas pero no gráficas, como habéis comentado, a mí lo gráfico, lo evidente, más que atraerme me provoca rechazo. También es cierto que después he publicado novelas en las que apenas había escenas explícitas al menos abiertamente nadie me ha dicho que lo haya echado en falta. Así que pienso que existe público para todas las opciones y que hay muchas lectoras que lo que les interesa es que la historia les enganche con independencia de la cantidad de sexo que contenga.
 
Mª José: Eso es, la historia puede pedirlo en un determinado momento porque es su evolución natural.
 
Marisa: Claro que sí, con un lenguaje y un tono adecuado a lo que estabas contando. Si es una historia dura, puedes utilizar un lenguaje duro, pero si todo iba entre algodones y de repente se sueltan la melena y empiezan a desbarrar... Al final los lectores son quienes deciden lo que quieren leer, llamadlo moda, llamadlo cambio de patrones... 
 
Sandra: Es una causa perdida, mira que llevamos años intentando que la romántica deje de ser despreciada.
 
Marisa: Yo creo que lo importante, al menos como autoras, es no dejarse desesperar porque lo que hacemos no sea lo más "in". Sería muy triste que todas escribiésemos tratando de fotocopiar los éxitos.
 
Mª José, Sandra: ¡Marisa, tienes toda la razón!
 
Arwen: Bueno, acabo de ver todo esto. A pesar de mi fama de mojigata, totalmente inmerecida porque en todas mis novelas hay sexo más o menos explícito (jajajaja), supongo que debo asumirlo. Sabemos de sobra que la gente mezcla churras con merinas. De todas formas, a mí nunca me han castigado por no poner más sexo... o no se han atrevido a decirlo, que todo es posible, jajaja. Yo creo que el sexo hay que ponerlo si toca y cuando toca. Que una escena fuera de lugar y según en qué tono, te jode un libro entero. Y, francamente, no creo que un libro actual sin sexo sea imposible. Los hay y no pasa nada. O puede estar implícito. Yo he publicado mis historias blancas o como queráis llamarlas y no he tenido ningún problema. Dudo que por tener más sexo sean mejores.
 
Yo: Una última cuestión. Todas coincidimos en que las escenas de sexo cuanto más elegantes y más justificadas dentro de un argumento coherente con la historia, mejor. Pero ¿qué debe tener una buena novela romántica erótica para considerarla de buena calidad?
 
Alissa: Como autora de romance erótico te daré mi opinión. Yo intento que si es erótica tenga un argumento de peso para justificar esas escenas, para que no parezcan forzadas y que las subtramas que envuelvan a la principal le den riqueza y profundicen en los sentimientos.
 
Arwen: Yo no soy autora de erótica, pero supongo que como cualquier obra de cualquier género, toda escena tiene que venir a cuento y estar justificada. El sexo gratuito sin una trama de fondo no tiene sentido. Eso no es una novela. 
 
Sandra: Pues opino lo mismo, para mí tiene que tener un fondo, no me sirve que el libro esté plagado de escenas sexuales sin ton ni son, tiene que haber una trama y que además las escenas estén bien narradas, no con palabras malsonantes a cada párrafo.
 
Marisa: Pienso que para que una novela erótica sea considerada de calidad tiene que tener lo mismo que las demás: un argumento sólido, unos personajes atrayentes y un modo de contar que haga que no quieras dejar de leer. Y en cuanto a su calificación como erótica creo que también todas lo tenemos claro, aunque sea más subjetivo. Hay novelas eróticas de una gran sutileza, apenas insinuación y mucha sensualidad, y otras que buscan lo carnal y el exceso. Ya dependerá de los gustos de cada uno o del momento o del ánimo. En cualquier caso, creo que el contenido debería provocar, suscitar una reacción, que no se lea con indiferencia (eso que dicen muchas veces las lectoras: empecé a leer en diagonal) pero, sobre todo, que no provoque rechazo.
 
Mª José: El erotismo siempre enlazado a la relación romántica de los protagonistas es un elemento más. Es decir, no es una consecuencia natural en determinadas escenas, pero tampoco es que estén todo el día echando polvos, porque erotismo hay mucho en los que se insinúa, se sugiere, se deja caer. Por otro lado, escena explícita no es equivalente a escena de mal gusto. Exijo siempre en estos casos un lenguaje cuidado. La línea es muy sutil y un lenguaje soez puede llevar a saltar esa línea y pasar a ser porno.
 
Muchísimas gracias a todas por venir a mi casa y participar en un debate complejo que daría para largas horas de conversación. Desde aquí invito a los lectores que quieran participar a que dejen su opinión en los comentarios.
 
 

 
 
 
Y de regalito, esta lista bastante completa de novelas románticas eróticas actuales y clásicos que he encontrado procrastinando por la red.

 
 
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Este mes de abril es el mes del libro y para celebrarlo con todos vosotros he hecho este precioso cuaderno de lecturas imprimible exclusivamente para todos los que os suscribáis al blog. Además, también podréis descargar los tres primeros capítulos de mi última novela, Persiguiendo un sueño.
 
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