27 de febrero de 2016

Protagonistas gordas y poco atractivas, ¿por qué no?



Acabo de terminar una novela que me ha gustado muchísimo y que ha recibido alguna crítica negativa precisamente por lo que a mí me más me ha gustado: una protagonista nada usual.
 
Es costumbre en la novela romántica que los protagonistas sean lo más perfectos posible físicamente, pueden tener mal carácter, deficiencias emocionales o un millar de cosas que le dan el toque de imperfección que les acerca a una realidad un tanto ambigua. ¿Cuántas novelas románticas habéis leído donde la protagonista sea gorda? Gorda a secas. Una mujer del montón, ni guapa ni fea, acomplejada por un físico que es incapaz de aceptar. No muchas, ¿verdad?

 
En Quiérete, Quiéreme, la última novela de Shirin Klaus, es precisamente lo que encontramos y me ha encantado hasta el punto de emocionarme en algunas partes del libro; millones de mujeres en el mundo nos hemos sentido así en un momento u otro de nuestra vida. Lo que me hace preguntarme: ¿Por qué no leemos más novelas de este tipo? La respuesta parece fácil. Porque según las editoriales, los lectores no quieren leer historias de gordos. No sé si Shirin presentó su manuscrito a alguna editorial, pero el hecho es que su novela es autopublicada.


 
 
Mi querido amigo y compañero Javier Romero nos contó una anécdota respecto a esto en la presentación de una de sus últimas novelas. Desde hace años tiene en el cajón una historia donde el protagonista masculino tiene sobrepeso y que no ha sido publicada porque las editoriales le dijeron que eso no era vendible. Creo que esto es un tremendo error.
 
Nos quejamos de la falta de originalidad de lo que se está publicando en los últimos años, todas las novelas parecen, en un sentido u otro, calcos de las famosas sombras de las narices: jóvenes, guapos, millonarios y capaces de provocar tropecientos orgasmos en una sesión de sexo maratoniano. Nos quejamos de que los protagonistas de este tipo de novelas están alejados de la realidad, pero luego no somos capaces de acercar esa realidad a los lectores.



Las mujeres "Dove", uno de mis anuncios favoritos

¿Qué tiene de malo leer una preciosa historia de amor donde la protagonista no sea físicamente perfecta? ¿Es mejor ignorar al gran porcentaje de mujeres reales que pueblan la Tierra? Está claro que la novela romántica que se escribe hoy en día es muy diferente a la que se publicaba hace veinte años; ha evolucionado igual que lo ha hecho la sociedad, la inserción laboral de la mujer o la libertad sexual. Supongo que el modelo tipo de lectoras/es también ha cambiado, pero no dejo de recordar que yo, al igual que la protagonista de la novela que menciono, era una adolescente insegura y acomplejada y que empecé a leer romántica porque quería vivir eso del amor aunque fuese a través de los libros.

Como decía Javi, nadie quiere leer sobre la vida de un fontanero, gordo y con la autoestima por los suelos.
 
¿De verdad?
 


 
 

2 comentarios:

  1. Hola Paula! Yo estoy un poco cansada de tanta belleza perfecta en las novelas románticas y más cansada aún de ver cómo le dan una patada a tu imaginación presentándote una foto del protagonista/s que quizás eche por tierra la idea que tú te habías montado en tu cabeza al leer la novela. El amor es para todos y si los personajes están bien construidos, sean como sean físicamente, terminas enamorándote de ellos. Hay una novela de Jennifer Cruise titulada Bet me o qué te apuestas o algo así en la que la protagonista es una chica muy divertida y lista, con sobrepeso, que no tiene nada que envidiar a otras protagonistas perfectas de otras novelas románticas. La historia es maravillosa y muy recomendable.
    Besos!

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    1. Hola, María! Gracias por pasarte y comentar. Es cierto que tendemos a la perfección en los personajes de romántica, como si el amor fuera algo exclusivo de "guapos" y la gente del montón no tuviera derecho a enamorarse.
      No conocía a esa autora, me la apunto! :D

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