19 de noviembre de 2015

El trabajo de un corrector



El mes pasado os traje un artículo muy interesante acerca del trabajo que realiza un lector cero. Marta Fernández, del blog Tejiendo críticas en la sombra, tuvo la gran amabilidad de contarnos su experiencia como tal.
 
Siguiendo la estela del proceso de creación de un libro, la entrada de hoy versa sobre el trabajo de corrección y para ello he contado con la colaboración de Julia Ortega, correctora y escritora de las novelas Caprichos del destino, Carnaval o Nuestro lugar en el mundo. Os dejo con ella.





Antes que nada, quiero agradecer a Paola la oportunidad que me ha dado para hablaros un poco de la labor del corrector profesional y su importancia.

Si eres un autor novel quizá no sepas que solo lograrás capturar la atención de tus lectores con un texto impecable, sobre todo si esos primeros lectores son un agente literario, un lector profesional o un editor.

Tal vez consideres que tu trama perfecta, tus personajes bien definidos y muy entrañables y tu final apoteósico son garantía suficiente para el éxito. Lamento decepcionarte, todo eso podría perderse en las profundidades del olvido si tu texto no es lingüísticamente correcto.

Ese es el primer paso, pero desde luego ni el único ni el último. Digamos que un texto bien escrito es la base sobre la que se construye todo lo demás. Cualquier autor debe tener un fluido dominio de su lengua materna, y por fluido se entiende que escribir bien ha de ser un ejercicio tan automático como respirar, y el comienzo de cualquier proyecto que decidas emprender, no solo en literatura sino en cualquier otra disciplina. No importa si escribes la lista de la compra del supermercado, una instancia a un organismo gubernamental, un memorándum para tu empresa o un WhatsApp para tu pareja, lo que sea.

Podríamos decir que en un texto literario hay tres niveles, y son eliminatorios: si no superas el nivel básico no puedes pasar al siguiente, del mismo modo que si no sabes sumar no puedes multiplicar.

 



 
Las palabras correctas han de surgir de ti naturalmente, ni siquiera deberías pensarlas, estas deberían estar ya en tu subconsciente, solo así podrás prestar auténtica atención a lo importante de la novela en cuestión: su argumento, sus personajes, su trama y ese final que le ponga la guinda al pastel.

Cuando yo era niña las cosas nos las enseñaban mucho mejor que ahora, te lo garantizo. Y mi generación aprendió a escribir bien y a tomarse el lenguaje y la literatura en serio. Eran otros tiempos, unos tiempos en que se publicaba poco, pero lo que se publicaba tenía una calidad indiscutible, al menos desde un punto de vista estrictamente técnico. Las novelas se miraban con lupa y solo unos pocos privilegiados, cierto, conseguían un contrato de edición. Pero los libros que yo leí hasta 2009-2010 eran pocos pero buenos. Desde 2010 hasta hoy he visto auténticas aberraciones, y lo peor de todo es que las he visto en libros de autores consagrados publicados por editoriales con solera.

Sí, lo sé, soy muy crítica, pero solo haciendo crítica y auto-crítica se puede alcanzar la excelencia. La gente está obsesionada con vender, y deberían preocuparse más de ganar el corazón de sus lectores más exigentes con una novela a la que no pueda ponérsele un «pero».

Por supuesto, luego cada lector tiene sus gustos, sus géneros, sus historias preferidas; lo que ningún lector debería hacer nunca, y yo he tenido que hacerlo más de una vez es abandonar un libro porque le sangran los ojos al ver tanta aberración junta. A quien más y a quien menos se le puede escapar una tilde, se le puede olvidar una coma, o puede conjugar mal un verbo en un diálogo, pero hay cosas que no deben permitirse bajo ningún concepto.

He visto a gente que ha escrito una novela de más de 300 páginas sin poner un punto y coma. ¿No saben que existe el punto y coma en el teclado, y que tiene su razón de ser, sobre todo en oraciones largas y/o subordinadas?

Las tildes y las comas son los puntos débiles de la mayoría de los autores, no importa cuán famosos sean o cuántas novelas lleven a sus espaldas.

Luego están los que escriben de «oídas», los que no miran el diccionario, o los que me cambian el tiempo verbal (y esto lo digo como lectora avezada) siete veces en una misma frase. Si empiezas hablándome en presente, ¿por qué me cuelas un pretérito o un futuro o un condicional, y sin una sola coma en la mayoría de los casos?

Pero esto no es un manual, sino un artículo para concienciar al autor de la importancia de un texto bien escrito. Cada día somos más autores, no podemos limitarnos a ser buenos, ni dejarlo todo a la imaginación o a los sentimientos. Debemos ser los mejores porque la competencia es feroz y el lector solo tiene una vida; no va a desperdiciarla leyendo libros mal escritos.

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. ¿Qué hago si no tengo tiempo/recursos para corregir mi texto? Lo he escrito deprisa, lo he escrito como he podido, pero siento que le falta algo, ¿qué hago? ¿A quién me dirijo para conseguir que mi texto sea el mejor?

Y ahí entran los correctores profesionales, los que se ocupan de que tu texto esté de sobresaliente. Pero claro, no trabajan gratis, nadie lo hace. Y a menudo ocurre que el autor o no paga a un buen profesional o escatima en el pago y luego sale lo que sale.

También he de decir que hay correctores que cobran mucho por una corrección y esos precios abusivos para los tiempos que corren a veces echan para atrás a autores con recursos limitados, que finalmente se conforman con algo más barato pero de menor calidad.

Y luego están esos autores que empiezan la casa (la pirámide que he insertado arriba) por el tejado: creen que la imaginación, la originalidad, los sentimientos o cualquier otro factor externo a la literatura lo justifica todo.

Y por desgracia, estamos en un país donde la mediocridad se celebra y aplaude, y si además viene de un personajillo famoso o de aquél que se acostó con aquella… Ya sabéis a qué me refiero.

Pero si eres un AUTOR, vender no ha de ser lo primordial para ti, sino, como he dicho antes, conquistar el corazón de tus lectores; hacer que tu novela sea inolvidable para ellos, que pasar y pasar páginas sea un verdadero placer y no un suplicio donde, angustiado, te preguntes dónde va a estar el próximo error.

Ya hace tiempo que desestimo novelas mal escritas y mal narradas; me importa muy poco si el autor sale en televisión, si es trending topic o tiene cuatro millones de seguidores en Twitter. Lo único que yo le pido a un escritor (de cualquier sexo) es que me escriba un libro bien escrito y bien narrado. Si además le pone originalidad, imaginación y ese «algo» indefinible que me cautiva, tanto mejor, pero jamás buscaré ese algo si lo he abandonado antes del capítulo quinto, harta de laísmos y horrores por el estilo.

Llámame tiquismiquis, yo vivo tranquila y duermo mejor.

Y no olvidéis nunca que para escribir bien solo hay un camino: leer.

Pero de autores que no leen ya os hablaré otro día en otro post…


 
 
 

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