16 de septiembre de 2015

Vuelta a la rutina

Es curioso, nunca estamos satisfechos. En cuanto alcanzamos aquello que deseamos queremos lo siguiente. Este verano se me ha hecho eterno, no solo por las altas temperaturas que han asfixiado a medio país sino por tener a dos niños revoltosos a mi alrededor durante tres larguísimos meses que apenas me han dejado acercarme a mi queridísimo bloc de notas, ese que siempre me acompaña a todas partes en un rincón del bolso. Así que, este verano lo he dedicado a ponerme las pilas con las redes sociales, leer alguna que otra novela pendiente y poco más.

Estaba deseando volver a la rutina, sobre todo porque el peque de la casa empieza (¡¡¡por fin!!!) el cole. Soñaba con tener toda la mañana para mí, para poder sentarme delante del ordenador y pasar esas maravillosas cinco horas escribiendo sin parar. ¡Ilusa de mí! Esas cinco horas en realidad son tres, contando con que no tenga que ocuparme de ningún imprevisto de mi vida cotidiana. También hay que contar con el ratito que durante esas tres escasas horas gasto en visitas a Facebook, Twitter y llamadas telefónicas, perdiendo así un tiempo precioso en empezar a trabajar (¡ay!, la dichosa procrastinación).

Lo peor de todo es que vivo esas anheladas horas en el más profundo de los aburrimientos, en un silencio sobrecogedor que me agobia y que me impide dar todo lo que quiero en mi proyecto, soñando despierta con el momento que mis hijos vuelvan y lo llenen todo de ruido, gritos y exigencias y así poder abstraerme y concentrarme. Curioso, ¿verdad?


Esto escenifica muy bien mis sentimientos mañaneros

Sé que hay escritores que se ponen música para llenar ese silencio pero me gusta tanto cantar, que termino tarareando lo que suena y más pendiente de la letra que de lo que estoy escribiendo, y si no tiene letra es lo mismo porque tarareo igual. Lo de salir en busca de un lugar bullicioso tampoco me va, me gusta mucho más la soledad de mi casa y, para que nos vamos a engañar, andar descalza y en pijama.

Supongo que solo consiste en acostumbrarse y si no lo consigo, hay aplicaciones que reproducen el sonido ambiente que más se ajuste a las necesidades de cada escritor, ¡para que luego nos quejemos de falta de herramientas! Si os pasa como a mi, en el estupendo blog de El libro del escritor tenéis un artículo sobre los sonidos ambientales.

Si eso no me convence, siempre puedo grabar a mis hijos cuando estén en casa y ponerme el sonido en la lista de reproducción del ordenador.

 

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