29 de septiembre de 2015

Escribir, una necesidad vital



Escribir no es un hobby, ni un trabajo, ni siquiera algo que haga porque se me dé bien. Algunos afirman que escribir para ellos es una herramienta más,  una forma de transición entre inquietudes. Estos últimos me molestan profundamente porque no lo sienten, no entienden esa necesidad de coger un lápiz y un cuaderno y volcar en él tus anhelos, tus pesadillas y frustraciones, tus sueños, tu dolor... No entienden lo que es deshacerte de una parte de ti en cada palabra, romperte y recomponerte una y otra vez en cada historia. Dotar de alma cada manuscrito.


¿Por qué escribo?, un reportaje de Jesús Ruíz Mantilla en El País


Llevo escribiendo toda mi vida, desde los quince años, y nunca me planteé mostrarme al mundo. Escribía para mí, nadie leía mis novelas porque eran exclusivamente mías, eran mis personajes, mis aventuras, mi forma de evasión, mi lugar más íntimo y sagrado. En aquel entonces no me preocupaba si estaban mal escritas o mal enfocadas, con personajes planos y diálogos superficiales. Eran mi refugio. Y lo siguen siendo aunque ahora ya no son de mi propiedad, ahora también son vuestras con la consiguiente sensación de responsabilidad y vergüenza. Solo aspiro a que me lean, a tener mis libros en la estantería y a sentirme orgullosa de un trabajo bien hecho.

Sé que nunca dejaré de escribir, pase lo que pase, aunque tenga momentos en los que la presión, el bloqueo y la maldad de alguna gente me hagan pensar en tirar la toalla. Porque no puedo, porque si no plasmo en un papel todo lo que siento, veo y palpo, creo que me perderé y no podré encontrar el camino de vuelta. Porque es mi manera de expresarme, de mostrarme tal y como soy, de vivir.




Para mí, escribir es mucho más que una distracción o una vía de escape de los problemas cotidianos, es una necesidad vital, algo que forma parte de mi alma, que me define y me completa, lo que me hace ser como soy.

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