26 de agosto de 2015

De paseo por el condado de Clare

Siempre me ha llamado más la atención Escocia (la influencia de Diana Gabaldon en mí ha sido larga y profunda), pero descubrí Irlanda de la mano de Nora Roberts tras leer su trilogía de las hermanas Concannon y me enamoré tanto de la isla esmeralda que decidí convertir a Ryan McKinley en irlandés.
 
 
Si no sabéis quién es Ryan McKinley ya podéis correr a leer Volver a empezar
 
 
La familia McKinley tiene una granja ganadera cerca de Drommin, en el condado de Clare, famoso por sus impresionantes acantilados, una verdadera obra de arte de la naturaleza. Los adeptos al cine probablemente reconocerán este lugar como la cueva donde Voldemort escondió el guardapelo en Harry Potter y el misterio del príncipe  o la empinada pared por la que escalaba André el Gigante con La princesa prometida a la espalda.
 
 
 
 
Sus ocho kilómetros de extensión se pueden recorrer gracias a un sendero que discurre paralelo al vasto precipicio. No he tenido la suerte de visitarlo (aún) pero viendo fotos como estas comprenderéis por qué lo escogí como enclave idílico para Eve y Ry. 
 
            —Me gustaría enseñarte algo. ¿Te apetece dar un paseo en moto?

            Ella exclamó extasiada con la idea y se levantó de su regazo dando un salto para tirar de él y hacer que se moviera. Entre risas salieron de la cocina y cogidos de la mano se dirigieron al cobertizo situado detrás de la casa. Ryan empujó la puerta con el hombro y entró en el recinto para llegar hasta el vehículo, aparcado junto a una pared y cubierto por una sábana raída. Una nube de polvo se levantó al retirarla y no pudo reprimir una auténtica sonrisa de placer al contemplarla; agarró los cascos colgados de sendos ganchos en la pared y salió al exterior llevando la moto consigo.

            —Que preciosidad… —murmuró Eve al verlo aparecer.

           Él se echó a reír al escucharla y le pasó uno de los cascos para que se lo pusiera. Se subió a horcajadas y arrancó el motor sintiendo la vibración debajo de él.

            —¡Vamos, sube!

           Ella no se hizo derogar y se apresuró a obedecer abrazándolo por detrás, apoyando la cara en su espalda con un suspiro.

            Salieron de la propiedad a toda velocidad en dirección oeste a través de una estrecha carretera de asfalto rodeada de inmensas praderas coloreadas de multitud de tonalidades de verde. Algunas casas solitarias salpicaban la impresionante campiña que estaban atravesando y cuando el sonido del mar llegó hasta ellos por encima del ruido del motor, el cuerpo de Eve se estremeció de anticipación, sospechando el lugar al que se dirigían.

            El rugido del viento les dio la bienvenida cuando Ryan detuvo la moto junto a la carretera y se apearon de ella. Un sendero de tierra y grava les indicó el camino y anduvieron cogidos de la mano, uno junto al otro sin hablar, sobrecogidos por el paisaje que se comenzaba a vislumbrar frente a ellos. Se detuvieron casi al borde del precipicio, desde donde podían ver y escuchar el atronador sonido de las olas rompiendo contra las rocas.

            Ryan se colocó tras Eve y la abrazó contra él sin decir nada, sabiendo lo que ella sentía en ese momento. Él jamás se acostumbraría a aquel lugar, siempre le ocurría lo mismo, se sentía pequeño e insignificante ante aquella gloria de la naturaleza.

            Se sentó sobre la hierba y tiró de Evelyn para que lo imitara, ella apoyó la cabeza sobre su hombro y suspiró mientras la paz la inundaba.

            —Te quiero, nunca me cansaré de decírtelo —le susurró Ryan al oído besándola en la sien.

           Ella levantó la cabeza y sonrió antes de besarlo. Algún día construirían su futuro allí, estaba convencida de ello.

 
¡No me digáis que no da la sensación de ser capaz de tocar la libertad con las manos!, por eso es uno de los sitios preferidos de nuestro irlandés, un hombre que no se aferra a nada ni a nadie, hasta que el amor llama a su puerta, claro.
 
Pero no sólo de los acantilados vive Clare, además de este magnífico paraje en la zona también se pueden visitar el castillo de Bunratty o la cueva de Ailwee.
 
El castillo presume de ser el mejor restaurado de Irlanda y se caracteriza por celebrar dos banquetes medievales entre sus muros cada noche, ocasión inmejorable para vivir una experiencia única e irrepetible. Además, es un destino de paso obligado para cualquier turista, puesto que los alrededores se han reconstruido como cualquier población del siglo XIX.





Las cuevas de Ailwee son un laberíntico recorrido de túneles subterráneos que dan muestra del inexorable paso del tiempo. Esculturas de piedra fabricadas a lo largo de miles de años las adornan dando lugar a un impresionante y sobrecogedor escenario.




No es de extrañar que Ry tuviera la ilusión de llevar a Eve y a Bobby a conocer estos rincones maravillosos que hacen de Irlanda un lugar más que aconsejable para ambientar cualquier novela.

Espero que os haya gustado este pequeño recorrido por la tierra de los MacKinley, el contrapunto gamberro de Volver a empezar: estar con ellos y vivir sus discusiones es de lo más divertido y espero que os enamoren como me enamoraron a mí.


Si os ha picado la curiosidad, os recuerdo que Volver a empezar está a la venta tanto en formato digital como en papel.
 


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